miércoles, noviembre 12, 2014

¿Qué es la calidad en educación en Chile?

La OCDE dice: la calidad se refiere a las competencias necesarias para producir y dirigir la sociedad del conocimiento en un sentido global. Los colegios de "mejores" indicadores Pisa, están comparativamente considerados con los "peores" de Shangai (no se trata de discriminar eso sí). Entonces el drama es que no hay calidad en Chile.

Los conservadores y empresarios dicen: lo que ofrecen los colegios particulares subvencionados (por el Estado por supuesto) y que se refrenda en encuestas y apoderados en la calle. El lucro es el life motiv de la calidad, si se excluye entramos en el caos. La reforma es un intento malicioso de regulación de los proyectos educativos privados (familias, ideologías, religiones) 

Los movimientos estudiantiles dicen: la calidad deviene de una educación pública en la que participamos y construimos todos los ciudadanos como un derecho. Siendo derecho, debe articularse a un proyecto país distinto al neoliberal. 

El gobierno dice: la calidad es el resultado de la gestión de variables multifactoriales a partir de la escucha de la demanda ciudadana y la promesa de programa de gobierno. La elección del punto de partida no es lo central (aunque importante) sino a lo que se llega. 

Los profesores dicen: la calidad deviene de un contexto ambiental y material adecuado, de la definición de una función educativa clara y de una condiciones laborales acordes con la dignidad del rol. Estas condiciones hoy en día no operan, precarizando el rol docente, curricular y laboralmente.

domingo, octubre 26, 2014

Para entender el neoliberalismo

El neoliberalismo es una denominación que se hace en el campo de los discursos políticos y la investigación social crítica, para referirse al modelo económico de libre mercado que funciona hoy a nivel mundial o global. 
El concepto de neoliberalismo es ambiguo pero en Chile se usa para caracterizar la economía de libre mercado que se instaló desde el tiempo de dictadura, impulsado por un grupo de economistas de la Universidad Católica que estudian en la Universidad de Chicago desde los años sesenta (intercambios académicos y postgrados), alrededor de Milton Friedman (los llamados Chicago Boys). 
Entre las cuestiones ampliamente promovidas por el neoliberalismo están la extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica o la limitación del papel del Estado. 
Entre las ideas y los principios introducidos por el neoliberalismo y ausentes en el liberalismo clásico, están el principio de subsidiariedad del Estado (desarrollado por los ordoliberales alemanes, que habían puesto en marcha algunas de sus propuestas en el denominado Milagro alemán de posguerra), y en especial, el monetarismo de la Escuela de Chicago encabezada por M. Friedman que, desde mediados de los años 50, se convirtió en crítico opositor de las políticas de intervención económica que se adoptaban en todo el mundo, junto con aportaciones del enfoque macroeconómico keynesiano. (Fuente: Wikipedia)

Sobre la historia del neoliberalismo en Chile podemos informarnos en la página de memoria chilena

Es interesante destacar que este modelo ha conformado en los sectores de poder, una ideología que va más allá de la economía y se instala en la imaginación y cultura de la sociedad chilena. 

Al respecto, son interesantes los trabajos críticos de los sociólogos: 
Manuel Antonio Garretón Neoliberalismo corregido 

miércoles, marzo 19, 2014

La pedagogía social que necesitamos

La Sra. Isabel Allende, actual Presidenta del Senado, ha mencionado en una entrevista reciente que para abordar democráticamente las cuestiones en controversia que se van a dirimir a partir del actual programa de gobierno, se requiere de una pedagogía social que vincule a la ciudadanía y el accionar político institucional. 
Se constata en estas palabras, la necesidad de una pedagogía ciudadana, relacionada con la inclusión de la sociedad civil ya no sólo en él proceso básico de elecciones sino en el de la toma de decisiones de las leyes que los gobiernan. La pedagogía social adquiere un valor social, político y cultural importante, aunque no se explaye todavía, respecto a las modalidades que esta pueda adquirir para visibilizarse en el escenario de las instituciones y en el de “la calle”. 
Desde hace unos años que esta alocución a una potencialidad educativo social de la ciudadanía en su conjunto, se ha ido expresando desde diversos intereses y actores, especialmente en los ámbitos educativos. Tanto educadores como estudiantes han señalado desde diversas tribunas y espacios, la necesidad de una pedagogía social que nos acompañe y aporte a la convivencia ciudadana, en la vida y calidad de las escuelas, en la calle y en el servicio de las instituciones. 
Este acompañamiento puede adquirir diversas formas en cuanto se considere como un derecho social adquirido en la calidad de sujetos que somos. Por ejemplo, en el planteamiento de atender a las desigualdades educativas presentes reinstalando el tema de la educación pública. Este problema debe ser atendido tanto desde sus condiciones de principios y leyes como de sus expresiones en las aulas y en las diversas prácticas socioeducativas no formales, pasando por las dimensiones intermedias de gestión, investigación y formación docente. No sólo se refiere al marco y desarrollo de los debates que confluyen en la legislación pertinente sino también y con mayor fuerza, en la realización efectiva de la convivencia escolar y las condiciones pedagógicas de enseñanza y aprendizaje situadas. Las escuelas como centros educativos, como comunidades de aprendizaje, se ven enriquecidas por la pedagogía social como derecho social, como enfoque teórico y como práctica socioeducativa útil para nuestros estudiantes. 
La presencia de la pedagogía social también está presente en las inquietudes de nuestros estudiantes que se perciben como sujetos protagonistas de la sociedad que quieren vivir y transformar. La recurrencia de una perspectiva reducida de lo social en el discurso institucional tradicional, asignando trayectorias limitadas para determinados sujetos (los pobres como les llaman algunos), despotenciando sus derechos y proyectos de vida, es percibida por el movimiento estudiantil como un escenario cultural que se debe modificar sustancialmente. 
Desde nuestra experiencia como educadores, constatamos diversas búsquedas juveniles para entender y empoderarse de una pedagogía social inclusiva, ciudadana, democrática. 
Para los educadores y pedagogos sociales, la educación es un derecho de todos que se concreta en el reconocimiento de funciones institucionales promotoras de contextos formativos y acciones mediadoras que posibiliten por una parte, la incorporación del sujeto de la educación a la diversidad de redes sociales que permiten el desarrollo de la sociabilidad y la circulación social y por otra parte, la apertura a nuevas posibilidades de la adquisición de bienes culturales, que amplíen las perspectivas educativas, laborales, de ocio y participación social. 
En esta perspectiva es importante desplegar una pedagogía social que al decir del pedagogo José García molina, tenga como norte ocuparse de pensar las maneras de promover una educación en/para la vida pública, una educación que habilite para convivir en ese espacio de relación, discusión y debate en el que construimos el nosotros.

martes, marzo 18, 2014

La educación abierta o MOOC's

Hemos constatado la presencia en el último año, de una tendencia en la formación inicial, continua y permanente, que en inglés se ha denominado MOOC (Massive Open Online Course)y que consiste en la oferta de cursos on line gratuitos por parte de fundaciones o universidades, a través de canales en Youtube o web especialnmente diseñadas para este fin. Se trata de cursos a distancia abiertos y masivos, disponibles para cualquier persona interesada y avalados por científicos e instituciones de educación superior reconocidas a nivel mundial. Algunos de ellos dan certificados tanto de los profesores como de las instituciones organizadoras(previo pago del certificado institucional). Acá les dejó algunas direcciones interesantes:

martes, marzo 04, 2014

Sobre Pedagogía Social según Violeta Nuñez

He de decir que hablo desde un cierto y acotado lugar teórico. Se trata de una disciplina nueva en el campo de las ciencias de la educación, campo que, siguiendo a los buenos maestros, llamaremos de la pedagogía.
La disciplina a la que hago alusión da en llamarse pedagogía social. Para algunos no deja de ser un invento español. En parte, yo también así lo creo...
No obstante como buena novedad, la pedagogía social tiene su historia. Comienza hacia mediados del siglo XIX en Alemania, con Paul Natorp en su Curso de pedagogía social. Avanza tortuosamente en las primeras décadas del siglo que acaba de terminar. Su actualización se realiza después de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Alemania como en Francia, donde hay dos trayectorias con ciertas diferencias teórico-técnicas: las escuelas de Trabajo social. Pedagogía Social en el primer país; las de Educadores Especializados en el segundo.
La pedagogía social, como disciplina teórica con sus modelos educativos en la realidad social, es sin duda, la peculiaridad y la aportación de España. Pero tampoco se trata aquí de un campo homogéneo, sino de un campo estructurado (en el sentido establecido por Pierre Bourdieu) según diferentes posiciones paradigmáticas. Muy sumariamente, diremos que son tres: positivista, crítica, estructural. Debo asimismo agregar que yo hablo desde esta última posición que, en España, tiene carácter emergente, no hegemónico.
Desde ese lugar, nos planteamos a la pedagogía social como la disciplina pedagógica que trabaja, teórica y prácticamente, en las complejas fronteras de la inclusión/exclusión. Así, se trata de un trabajo de ampliación –en lo teórico y lo político- de las dimensiones de las responsabilidades públicas en educación. En el sentido de que el momento actual y sus desafíos nos llevan, en educación, a pensar y a actuar más allá de la escuela o, dicho en otros términos, allá donde hoy la escuela (para poder constituirse como espacio de efectivo ejercicio democrático) requiere de otros partenaires sociales.
De esta manera postulamos a la pedagogía social como un espacio para pensar cuestiones que tienen que ver con la igualdad y los derechos, en el marco de las nuevas condiciones económicas, con respecto a la cultura, a la participación social y a la dignidad de las personas.
Violeta Nuñez. Políticas públicas y adolescencias: adolescentes y ciudades. En Frigerio Graciela et al. (Comps) (2004). La transmisión en las sociedades., las instituciones y los sujetos. Un concepto de la educación en acción. Noveduc, Buenos Aires

El activismo ciego en educación

"... no hay acción, praxis educativa, que no remita a una forma del ver el mundo (paradigma), a un discurso o modelo teórico, aun en el caso (desafortunadamente frecuente todavía en educación social) de carecer de una conciencia precisa de ello. No hay posición más peligrosa para la educación que aquella que sostiene que las teorías son utópicas y la práctica real, o que en la teoría es muy fácil pero en la práctica es irrealizable. Peligrosa porque tiende a caer en un activismo ciego, incapaz de pensarse a sí mismo y estéril, no sólo para aprender de sus errores, sino también para valorar los porqués de sus aciertos. no es el único peligro. En este abanico, encontramos también el pseudo-discurso que reclama a ultranza, la verdad de la práctica, de la experiencia del educador, como verdadero lugar de producción del conocimiento educativo. Esta sacralización de la experiencia suele degenerar en pobre auto-referencia que no permite generalizar ni sistematizar la transmisión del conocimiento y anula la aplicabilidad de l saber a diferentes ámbitos de acción."
García Molina, José (2003). Dar (la) Palabra. deseo, don y ética en educación social. Gedisa, Barcelona.

viernes, febrero 28, 2014

Manfiesto de los adultos en crisis

Recogemos del libro de Silvia Di Segni Obiols, Adultos en Crisis. jóvenes a la deriva, de la Editorial Noveduc, el siguiente manifiesto de los adultos en crisis:

Nosotros los adultos, tenemos que ocupar nuestro lugar ante las otras generaciones.

Ser adulto no significa dejar de disfrutar, de reir a gritos, de emocionarse, de apasionarse, de jugar; significa saber cuándo no tiene sentido hacerlo. Significa, básicamente, terminar la niñez y la adolescencia en aquello que nos impide manejarnos bien con la propia realidad y con los otros; abandonar la omnipotencia, reconocer a los otros con sus necesidades y deseos, aprender a esperar, adquirir autonomía. Abandonar la omnipotencia es imprescindible para no creerse dios ante los demás y para no sentirse irrompible ante uno mismo; reconocer a los otros supone preocuparse por conocerlos, escucharlos, aceptar las diferencias, gastar tiempo y esfuerzo en llegar a acuerdos; aprender a esperar permite postergar placeres en el corto plazo para obtener logros en el mediano, hacer esfuerzos y tolerar frustraciones, no por amor al sufrimiento, sino para conseguir lo que queremos.
Durante siglos nos ubicamos en un lugar especial del que caímos abruptamente, llevamos algunas décadas en crisis. es hora de que salgamos de ella.
Debemos ocupar el rol nosotros mismos, en cada casa, en cada escuela. No esperar que otros cubran el lugar que dejamos vacante y adopten a quienes dejamos huérfanos; no pedir a gritos que alguien, una figura fuerte, autoritaria -o incluso nuestros hijos-, nos adopte a nosotros. Ocupar el rol significa delimitar claramente qué podemos hacer y qué no; buscar el apoyo de pares para lograr lo que individualmente sea más difícil. No significa renunciar a la diversidad sino, por el contrario, defender esa diversidad a todo costo. Debemos salir de la Babel en que vivimos, dando lugar a acuerdos mínimos reales, no de forma; que nos permitan actuar en conjunto y contener con cierta coherencia a los más jóvenes. Contamos para ello con posibilidades de comunicación y conocimiento que no tuvieron las generaciones anteriores, no podemos desperdiciarlos.
Ocupar el rol nos obliga a buscar información, a pensarla críticamente. Ser adulto significa entre otras cosas, que disponemos de nuestra capacidad de pensar. no podemos dejar de usarla.

miércoles, febrero 26, 2014

Nuestra condición de pedagogos

Nuestra condición de pedagogos, o al menos profesionales que trabajan alrededor de un campo disciplinar que reflexiona (investiga) sobre las formas de transmisión de la cultura y que, en su dimensión de disciplina o materia académica, se convierte también en práctica de transmisión (Dussel y Caruso, 1999), enseñanza y formación, debe exigirnos rigor y coherencia a la hora de construir discursos propios e inteligibles que puedan ser compartidos y rebatidos por estudiosos, profesores, investigadores e interesados en las diferentes dimensiones de la educación. No en menor medida, a la Pedagogía –independientemente del adjetivo que la acompañe- le toca trabajar por generar y consolidar nuevas modalidades éticas y prácticas, más que exclusivamente técnicas, de enseñar y transmitir conocimientos y saberes que la época y el lugar donde se desarrolla considera valiosos. Este es un aspecto clave, porque si su objeto es la educación, y ésta remite a la transmisión y adquisición de la cultura, las dimensiones éticas y metodológica cobran una relevancia pareja a la que pueda tener la dimensión teórica.
Sobre la plataforma de estas consideraciones es posible concebir la pedagogía como una disciplina científica que establece presupuestos alrededor de los que organiza su propio estudio, análisis y producción de modelos de educación (dimensión teórica que produce efectos explicativos-predictivos), modelos para la educación (dimensión metodológica que produce efectos normativos, y modelos en la educación (que produce efectos de acción educativa) (Nuñez, 1990:59). La Pedagogía se articula en la relación a los saberes con otras disciplinas como la filosofía, sociología, psicoanálisis, psicología, antropología, historia, lingüística, para construir un cuerpo de conocimientos que llega a hacerse propio. Lo teorizado remite a los saberes, conocimientos, habilidades y utilidades sociales que la acción educativa ha de transmitir para que el sujeto pueda incorporarse a su tiempo: socializarse, transitar y promocionar en las redes normalizadoras de lo social amplio, así como a los efectos educativos, de cambio, desarrollo y promoción que su despliegue debe producir en los grupos y comunidades. Este último aspecto invita a los pedagogos a promover un papel que hasta el momento no acaban de cumplir tanto cono seria deseable: orientar, con criterios pedagógicos, las políticas culturales y sociales con el objetivo de que contemplen y potencien la generación de plataformas sociales y educativas que posibiliten la consecución de dichas finalidades.
García Molina, José. Educación social: ¿profesión educativa o empleo social? En García Molina, José (coord) (2003). De nuevo la educación social. Dykinson, Madrid.